Los jineteros se agolpan a la salida de la estación de autobuses, ya que no está permitido que entren, y parecen luchar por conseguir algo de todo aquél que intente traspasar la puerta. Nos quedamos unos instantes pensando en cómo organizaremos nuestra "huida", planificando cómo pasar entre todos ellos sin demasiados preámbulos, pero enseguida vemos a uno con un cartel con nuestros nombres en la mano. Es un taxista que han enviado desde la casa en la que nos quedaremos, y que nos acerca a la casa en su viejo taxi sin radio, sin ventanillas y sin alguna manilla en las puertas.
La casa está situada en una de las calles del centro, a tres o cuatro cuadras del Parque Céspedes. A pesar de estar en la zona turística de Santiago se trata de una calle de viviendas de gente muy pobre, donde las puertas permanecen abiertas durante todo el día, los niños juegan en la calle y los perros corretean olisqueando entre la basura. A pesar de todo, nuestra casa resulta acogedora y cómoda, y su dueña nos ubica en un cobertizo que ha convertido en habitación con baño propio que, aunque sencillo, resulta estupendo para nosotras, sobre todo teniendo en cuenta el cansancio acumulado durante todos estos días que hace que apenas nos importe ya no dónde dormir.
Algunos niños de la calle entran de vez en cuando a jugar con el hijo de la dueña de la casa, porque parece ser la única en la zona en la que hay un ordenador. Los niños se entretienen jugando a esos juegos que abundaban en España cuando los ordenadores empezaron a comercializarse, pero para el caso resulta un entretenimiento estupendo.
Dejamos las mochilas y salimos a pasear por Santiago, que resulta una ciudad poco agradable, muy contaminada por el humo negro de los "carros" antiguos que circulan sin ningún tipo de regulación o control. Las leyes medioambientales no existen, y eso hace que me de cuenta de la suerte que tenemos en Europa, donde nos quejamos constantemente de la contaminación y se hacen mediciones y estudios casi permanentemente, pero también donde la situación es completamente diferente. Esto sí es contaminación.
Las calles acogen a miles de jineteros que nos asaltan con un "taxi, taxi" cada tres o cuatro segundos, y que hacen que ese "taxi, taxi" resuene en mi cabeza aunque nadie me lo diga. Santiago es, a mi parecer, muy agobiante y no demasiado bonita, quizás es mi momentáneo pensamiento pesimista por no haberme quedado un día más en Trinidad y el desgaste de autobuses a horas intempestivas, baches y carreteras destartaladas. Aún así, sé que este país es una sorpresa inesperada en cualquier momento, en cualquier banco de un parque, en cualquier esquina, así que me esfuerzo por eliminar el pesimismo y me dispongo a absorber la sorpresa que Santiago me tiene reservada. Estoy segura de ello.
Santiago no es una ciudad especial, pero no deja por ello de ser interesante, cargada de contenido histórico y político , ya que aquí fue donde se fraguaron las ideas y estrategias del asalto al Gobierno de Batista y en general de toda la revolución. Por toda la ciudad pueden verse carteles de propaganda política y recuerdos y memoriales del Golpe de Estado y de la revolución. Sin embargo, también se ve infinita pobreza por todas partes, la gente vive prácticamente en las calles y se sientan a ver pasar la vida sin ningún tipo de opción adicional.
Caminamos por el centro, El Cuartel Moncada y la Avenida de los Libertadores, dedicada a los héroes de la revolución. Nos sentamos en el Parque Céspedes, centro de reunión de todas las clases sociales de la ciudad, donde músicos tocan sus instrumentos, rastafaris conversan sobre la vida, maniseros gritan "maní maní" para que alguien se lo compre y turistas sacan fotos con sus cámaras al cuello. Como fondo de la función, la Catedral, cuya fachada gris azulada está recién restaurada y pintada tras el paso de algún Ciclón que la dejó destrozada, según alguien nos cuenta mientras paseamos.
Me sorprende desde el principio la cantidad de rastafaris de Santiago, que no entiendo muy bien, aunque especulamos con la posibilidad de que sea por su proximidad a Jamaica, razón absurda a la vez que lógica. Se pasan las tardes en la Casa de la Trova, donde la música tradicional cubana que se escucha desde el mismo Parque Céspedes les acompaña.
En cuanto nos sentamos en un banco, se acercan dos chicos a conversar con nosotras. Atardece y, aunque ha estado nublado todo el día, se atisban los últimos rayos de sol en el horizonte. Uno de los chicos, que tiene rastas pero viste como un europeo, con camisa azul claro y pantalón blanco, entabla conversación con Ana mientras Alejandro me cuenta su historia, una de las más esperanzadoras con las que me he encontrado hasta ahora.
Alejandro también tiene 27 años, y es ingeniero mecánico. Es de Santiago, pero trabaja en la refinería de petróleo de La Habana. Me cuenta en qué consiste su trabajo, que es exactamente igual que el de cualquier persona que trabaje en cualquier otra refinería del Mundo. Su sueldo es de 35 dólares al mes. Me cuenta que hace muchísimas horas extra para poder pagar el alquiler de un apartamento en La Habana, llegar a final de mes y poder ahorrar un poquito para viajar por Cuba en sus vacaciones, ya que no puede viajar a ningún otro país. Con todas las horas extra (y supongo que algún otro trapicheo), llega a 60 o 70 dólares al mes. Me pregunta cómo es Europa y cómo es vivir en un sistema capitalista. Me interroga sobre los países a los que he viajado. Lo que más le sorprende y llama la atención es el número de lugares en los que he estado.
- ¿Pero a cuántos países has viajado tú? ¿A más de tres? ¿A más de cinco? ¿A más de diez?
- No lo sé, la verdad. Pero es que en Europa algunos países son tan pequeños y están tan cerca que puedes ir y volver en muy poco tiempo - trato de esbozar una disculpa porque no sé cómo contestar a esta pregunta a alguien que no sabe si algún día podrá salir de su país, por haber perdido la cuenta del número de países en los que he estado.
Alejandro quiere saberlo todo, quiere saber cómo es la nieve, quiere saber cómo es vivir con estaciones, con invierno frío y verano caluroso, cómo es Alemania, cómo es España, cómo es Chile, cómo son las montañas nevadas, cómo son las ciudades europeas, cómo son los centros comerciales.
- Cuéntame cómo es esquiar. Tiene que ser increíble, yo lo vi una vez en la televisión.
Resulta muy difícil explicar la sensación que a uno le produce esquiar a alguien que ni siquiera ha visto nevar.
- Pues te pones unas tablas de madera en los pies, y te suben en una especie de ascensores con sillas que van desde la parte baja hasta casi la cima de la montaña, y cuando llegas arriba te tiras hacia abajo, pero tienes que ir frenando y haciendo curvas de vez en cuando para no ir demasiado rápido. Así, ¿ves?
Sus ojos se abren como platos mientras en medio del Parque Céspedes de Santiago de Cuba simulo esquiar un atardecer de noviembre, flexionando las rodillas, cogiendo los sticks y haciendo como que me deslizo por una montaña. Veo una mirada en esos ojos que no he visto en nadie en todo nuestro viaje, una mirada de querer comerse el Mundo, de querer verlo todo, de una curiosidad sin límites, de sorpresa, ni pizca, ni rastro de tristeza , solamente ilusión.
- ¡Ooooh! ¡Woooow! ¡Es como si ahora mismo estuviese esquiando yo también! Yo creo que una de las primeras cosas que voy a hacer cuando me vaya de viaje por el Mundo será ir a ver la nieve.
Alejandro ya ha intentado irse a ver otros países tres veces, pero como a casi todos le denegaron el visado por ser "posible emigrante". Lo único que pretendía era explorar el Mundo, como cualquier persona de 27 años ansiosa por descubrir otras culturas, curiosa por lo que ve en la televisión y le cuentan los amigos extranjeros que hace por las tardes para poder saber más cosas.
- Pues sí, me lo denegaron tres veces, pero me alegro mucho de haberlo intentado al menos. No podría vivir sabiendo que no lo intenté, y yo sé que antes de que cumpla 30 años voy a salir de Cuba para ver el resto del Mundo. Bueno, ya veo muchas cosas en Internet, porque siempre que ahorro un poquito de dinero voy un ratito a Internet porque, aunque es muy caro y lento, puedo leer cosas de otros países. Pero cuéntame, cuéntame más, ¿cuáles son tus sueños?¿qué objetivos tienes en la vida?
Me hago consciente de mi buena o mala suerte, porque quizás mis sueños son bastante alcanzables, y por eso dejan de ser sueños. También me doy cuenta de que tengo sueños ridículos que se parecen más a caprichos que a sueños, como tener un trabajo mejor o viajar por el Mundo cuando quiera.
- Vaya, pues tienes el mismo sueño que yo - dice Alejandro. - Yo creo que algún día lo cumplré, y creo que va a ser muy pronto, ya lo verás. Si salgo algún día de Cuba nos vamos a esquiar.
Alejandro habla con tanta decisión, con tanta ilusión, que pienso que si en eso se basase permitir que alguien pudiese salir de Cuba cuando quisiese él debería ser el primero en la lista.
- Como de momento no me puedo ir, me conformo viajando por Cuba en mis vacaciones. Así conozco a gente de otros países que me cuentan cosas de los lugares donde viven. Pero ¿sabes lo que decía Walt Disney? Que si lo puedes soñar, lo puedes lograr. Así que me lo aplico cada día.
La conversación continúa, y me parece estar hablando con alguien que realmente sí ha recorrido el Mundo, ya que conoce detalles de cada país, de cada continente, de cada ciudad.
Ana se acerca con su nuevo amigo, que al escuchar nuestra charla sobre viajes y países nos cuenta historias de India.
- ¿Pero no has estado en India? Tienes que ir, India es increíble. Ahí hay una espiritualidad y una fe que no existe en ningún otro lugar del Mundo, todos los colores, los olores, los sabores que tienes que probar y que no puedes experimentar en otro sitio. Yo te recomiendo que visites India.
- Sí, tengo muchas ganas de ir - respondo yo, pensando que seguramente sea uno de esos cubanos afortunados que pueden entrar y salir de Cuba - ¿cuándo has estado en India?
- ¿Yo? Jamás, amiga, jamás.
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| Calles de Santiago de Cuba |
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| Catedral de Santiago de Cuba, Parque Céspedes |
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| Santiago de Cuba |
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| Casa de la Trova, Santiago |
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| Calles de Santiago de Cuba |
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| Bailando salsa en las Calles de Santiago |
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| Partida de dominó en Santiago |
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| Cómo fabricar un tablero y fichas de damas con NADA |
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| Amigos en Santiago |
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| Alejandro |
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| Casa en Santiago |
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