martes, 25 de noviembre de 2014

La rumba está buena

Playa Rancho Luna, Cienfuegos. El calor aprieta, pero la tranquilidad y la paz que aquí se respiran hacen que un par de gotas de sudor de vez en cuando merezcan la pena. El agua del Caribe y la arena blanca invitan a pegarse un chapuzón casi permanentemente, y el silencio sólo se rompe vez en cuando por los canadienses de al lado, prácticamente nuestros únicos vecinos en la playa.

Enseguida se acerca Sloan, el socorrista, con su bañador rojo y su camiseta blanca, para preguntarnos qué tal el día y entablar conversación con nosotras. Nos interesamos por el arrecife que hay cerca de esta playa y se ofrece a traernos algunas de las gafas de bucear, tubo y aletas que los turistas suelen dejar para que podamos nadar hasta él. Nos acompaña los 100 o 200 metros que separan el arrecife de la playa y nos indica dónde sumergirnos para contemplar peces, corales y anémonas, a pesar de que el agua está hoy un poco turbia. Unos 40 minutos más tarde volvemos a la orilla, cansadas pero felices de haber visto un arrecife del Caribe.
- ¿Y vas a contar algo de mí en tu cuaderno? - me pregunta Sloan cuando me ve escribiendo en la playa.
- Después de lo que nos has enseñado, ¡claro que sí!

Enseguida llegan nuestros amigos americanos, que se unen a nosotras mientras contemplamos el atardecer. Le damos 10 CUC a Sloan por habernos acompañado al arrecife y habernos dejado los equipos de snorkel y nos vamos al encuentro de Sergio, un taxista con el que hemos quedado, para que nos lleve de vuelta al pueblo. Sergio está orgullosísimo de que su carro tenga aire acondicionado y de ser el "jefe" de los taxistas de Cienfuegos que tienen carros buenos y organizan traslados de turistas a pesar de su juventud.

Salimos a cenar por el pueblo de nuevo, no sin antes visitar la casa que tienen aquí las monjas de la congregación que dirigía la residencia donde me quedaba cuando era estudiante en La Coruña. He apuntado la dirección en un papel antes de venir y es bastante incierto saber si será la correcta, pero cuando llegamos a la calle 56 ahí está el letrero de las Hermanas de María Inmaculada.

Llamamos al timbre y enseguida acuden las Hermanas, risueñas y encantadas con nuestra visita, para contarnos la labor que realizan en Cuba. En Cienfuegos tienen una casa donde niñas que han dejado de estudiar por diversos motivos pasan 3 o 4 días a la semana en los que aprenden un oficio. Les enseñan corte y confección, música, esteticismo, inglés y mil cosas más. Las niñas están cenando cuando llegamos y las saludamos antes de irnos. Les cuento a las Hermanas que estudié en la residencia de La Coruña, y se ponen contentísimas de que me haya acordado de ellas. Les dejo lo poco que he traído en la mochila y les puede servir de ayuda y nos despedimos, yo con el deseo de poder volver algún día para hacer algo productivo de verdad.

Después de cenar volvemos a casa porque Dilays nos ha contado que esta noche hay un festival callejero de rumba, literalmente en la puerta de nuestra casa. Todo el barrio está allí, no hay un sólo turista y nos mezclamos con los niños y los jóvenes de la calle mientras disfrutamos de un espectáculo de salsa, rumba y baile afrocubano precioso, interpretado por diferentes grupos y asociaciones para conmemorar la fundación de este barrio, de donde han salido los principales músicos de Cienfuegos. Resulta curioso ver cómo todos sonríen mientras bailan, cuando uno viene de un país como Alemania, donde ver sonrisas en la calle no es lo normal. Creo que es un momento donde los cubanos se olvidan de todos sus problemas y que es quizás por lo que en Cuba se ve siempre a tanta gente bailando o tocando algún instrumento por todas partes, incluso en lugares no turísticos. 

Tras el festival nos quedamos sentados en la puerta de la casa, observando cómo algunos se van y otros recogen y limpian la calle. Conversamos con Dilays y su marido. Enseguida nos damos cuenta de que es uno de los pocos afortunados en Cuba que tiene un trabajo medianamente bien pagado (?), suponemos, en la refinería de Cienfuegos, con viajes a congresos en el extranjero y viajes también dentro de Cuba. Mañana mismo se va a una reunión en La Habana.

El marido de Dilays ha estado en Europa en varias ocasiones. Ha visitado Eslovaquia, Suiza o Alemania, y habla con orgullo incluso de las ciudades en las que su avión ha hecho escala. 
 - Y mira que he estado varias veces en Europa, y no he conseguido todavía ver la nieve, que es mi gran ilusión.

Al lado de la casa de Dilays hay una galería de arte, y como el artista y su mujer son amigos de Dilays y su marido, nos invitan a pasar a ver los cuadros de la galería, que además nos explican uno a uno mientras nosotras escuchamos con gran interés.
Son cuadros muy oscuros, aunque para mi gusto muy bien pintados y con mucho transfondo y mensaje gracias a que nos lo han explicado muy bien.
Los cuadros tratan de representar la lucha del pueblo cubano por la libertad, pero también tratan de proporcionar esperanza y fuerzas a la gente para que permanezca en Cuba, su patria, en un momento en el que casi todo el mundo se quiere marchar. El objetivo es mejorar el propio país y construir juntos una Cuba donde todo el mundo pueda tener oportunidades y pueda vivir una vida digna. 


Snorkel en el arrecife de Rancho Luna
Arrecife de Rancho Luna
 
Sloan enseñándonos el arrecife de Rancho Luna
Calles de Cienfuegos, Cuba


Festival de rumba en Cienfuegos

Festival de rumba en Cienfuegos

Festival de rumba en Cienfuegos

Festival de rumba en Cienfuegos

Festival de rumba en Cienfuegos

Festival de rumba en Cienfuegos

Festival de rumba en Cienfuegos

Una niña nos mira desde el autobús en Cienfuegos



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