Nos levantamos temprano y desayunamos la increíble cantidad de comida que nos pone Dilays mientras nuestro taxista al siguiente destino espera en la puerta. Ayer, tras negociar un buen rato, conseguimos un buen precio para ir a Trinidad pasando por El Nicho, unas cascadas y pozas en las montañas en las que puedes nadar.
El camino transcurre por una carretera bastante destartalada y llena de baches. En ocasiones el coche tiene que ir de derecha a izquierda para evitarlos y poder avanzar, pero el camino se hace ameno porque Rolando, el conductor, nos cuenta millones de historias de todos los lugares por los que vamos pasando, desde cómo la fabrica de cementos de Cienfuegos llegó a ser la más grande e importante de Latinoamérica hasta la leyenda de la Loma del Muerto, un conjunto de montañas que se ven desde la carretera y cuyo perfil se asemeja a un hombre tumbado.
Pasamos por el internado donde estudia su hijo, del cual está muy orgulloso. Rolando aprovechará el viaje de vuelta para visitarle y llevarle dulce de leche que compra a una niña en la carretera. Nos invita a probarlo mientras nos habla de la Flor Mariposa, símbolo nacional de Cuba porque en época de colonos las mujeres cubanas la utilizaban colocándosela en el pelo para pasar mensajes en su interior, ya que tiene un hueco donde caben pequeñas cosas.
Cada vez que pasamos alguna aldea nos cuenta el por qué de su nombre. Cumanayagua significa "entre aguas". Efectivamente, está rodeada por dos ríos.
No faltan las conversaciones sobre política, como ya es habitual, y una de las preguntas que le hago a Rolando es si se nota algún cambio de verdad en la situación en Cuba en los últimos 20 años. Resulta chocante ver cómo todos en principio dicen que no, aunque después reconocen que tienen esperanza en que todo cambie. Rolando nos cuenta que Raúl Castro ya ha anunciado que éste será su último mandato, y que presumiblemente el próximo presidente tenga ideas ligeramente distintas a las de los Castro a pesar de haber crecido con la revolución castrista.
- Además, este ya no lleva el apellido Castro - dice con una sonrisa
Hemos recogido a uno de los chicos del pueblo de debajo de la montaña, que trabaja como socorrista en las pozas, para trasladarlo a su lugar de trabajo. Comenzamos a ascender la montaña en la que se encuentra El Nicho, y se hace el silencio, concentrándonos para que el "carro" suba las interminables cuestas que parece incapaz de alcanzar, y que para un coche europeo no significaría nada más que algo rutinario.
Finalmente llegamos al Nicho, unas cascadas situadas en un entorno precioso, en la Cuba del interior, la de la selva, la de los insectos y reptiles por todas partes. Me doy un chapuzón prácticamente sola en las cascadas, pero salgo en cuanto empiezan a llegar los primeros turistas para bajar por el sendero que rodea las cascadas y reencontrarnos con Rolando, que nos lleva a Trinidad, donde ya nos esperan en nuestra casa para enseñarnos nuestra habitación.
Trinidad resulta ser un pueblo con un encanto especial. Podría recorrerse en una hora si no fuese por la dificultad añadida de que todas sus callejuelas son empedradas, y eso hace muy difícil caminar sin tropezarse. Las calles sin empedrar están llenas de baches o sin asfaltar, lo que resulta igual de difícil si uno quiere simplemente pasear. El centro histórico, Patrimonio de la Humanidad, lo conforman cuatro o cinco calles y tres plazas preciosas con casas e iglesias de colores, principalmente azules y amarillas. Es un lugar muy turístico y resulta obvio también que el que sólo visita Trinidad tampoco ve la verdadera Cuba, pero aún así el pueblo es realmente agradable, los jineteros no son pesados y hay restaurantes y tiendecitas de artesanía en cada esquina.
Subimos a la torre de la plaza central del pueblo, desde donde se divisa el mar, y bajamos a sentarnos en la Escalinata de La Casa de la Música, el lugar más conocido, donde hay música en directo prácticamente a todas horas. Nos hacemos amigas de un alemán que nos cuenta que viaja solo y que le ha gustado tanto Trinidad que ha cambiado su plan de viaje para quedarse más días aquí. Enseguida entendemos por qué, y es que, a pesar de ser turística, Trinidad tiene un encanto especial. Se respira salsa por todas partes, y el calor de las personas que nos saludan por la calle y bailan con nosotras en la escalinata hace que uno quiera quedarse aquí mucho más que dos o tres días a pesar de que ya haya visto todo lo que hay que ver.
Tras la cena, en una casa que resulta ser un restaurante cuando uno sube a la terraza, y donde un grupo toca exclusivamente para nosotros, únicos clientes esa noche, regresamos a la Escalinata, donde ya el grupo toca salsa sin parar, los turistas piden mojitos en las terrazas y los chicos del pueblo sacan a bailar a italianas, alemanas y holandesas, que hacen esfuerzos por ponerse a su nivel.
Bailo con José, quien a pesar de ser obrero me da una estupenda clase de salsa a cambio de compartir la mitad de mi cerveza con él. La clase ha merecido la pena, así que nos bebemos la cerveza sentados en la Escalinata mientras la música sigue sonando y los locales se mezclan con los turistas como si todos perteneciésemos al mismo mundo a pesar de proceder de mundos tan distintos.
Los ojos de los chicos que conozco mientras estoy aquí sentada rebosan ganas de hablar y de contar miles de cosas, así que les escucho con mucha atención y salsa de fondo. Parece irónico la mezcla de la alegría de la salsa con lo que aquí oigo esta noche. Javier me cuenta que planea irse a España pasando por Ecuador, una práctica que últimamente está muy extendida en Cuba. No tiene más de 25 años, pero ha conseguido que un amigo suyo le deje los 3000 CUC que necesita para poder salir. Su plan es coger un vuelo a Ecuador donde trabajará una temporada para conseguir el visado para viajar a España. No sé muy bien cómo funciona este sistema, pero parece tenerlo todo estudiado. Me impactan sus palabras decididas, sólidas, seguras.
- Yo nací en una cárcel, pero voy a ser un chico libre.
La música sigue sonando, y tras esta conversación me saca a bailar con una enorme sonrisa en la cara. Parece haber olvidado las palabras de treinta segundos antes, aunque en sus ojos se leen sus preocupaciones, sus miedos, sus inseguridades. Pero por un momento se olvida de todo eso y se deja llevar por la música. Me pregunto qué sería de Cuba sin música, sin salsa, sin bailes y sin las sonrisas de la gente cuando sale a bailar.
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| Despedida de Dilays en Cienfuegos |
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| Puente de ferrocarril, de Cienfuegos a Trinidad |
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| Flor Mariposa, símbolo nacional de Cuba |
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| Cascadas de El Nicho |
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| El Nicho |
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| Cascadas de El Nicho |
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| Cascadas de El Nicho |
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| Calles de Trinidad |
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| Calles de Trinidad |
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| Vista de Trinidad desde la Torre |
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| Trinidad |
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| Trinidad |
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| Trinidad |
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| Calles de Trinidad |
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| Calles de Trinidad |
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| Calles de Trinidad |
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| Puesta de Sol en Trinidad |
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| Calles de Trinidad |
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| Calles de Trinidad |
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| Calles de Trinidad |
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| Calles de Trinidad |
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| Calles de Trinidad |
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