domingo, 23 de noviembre de 2014

La Habana de verdad y el Callejón de Hamel

Salimos de La Habana Vieja para encaminarnos al Callejón de Hamel, un lugar donde nos han contado que la gente baila rumba los domingos por la tarde.
El sol aprieta, pero decidimos ir andando para disfrutarlo, vivir en la gélida Alemania incita a aprovechar cada uno de sus rayos siempre que se pueda.

En cuanto pasamos el Hotel Inglaterra Ana, que ya ha estado en La Habana, me dice:
 - Bienvenida a La Habana de verdad

La imagen, la imagen real de La Habana, las calles de La Habana o de Mi Habana, como cantaban en la canción de la película de Habana Blues, nada tiene que ver con el pequeño barrio de cafeterías, terrazas y tiendas de artesanía que hemos visto. 
Las calles parecen recién sacadas de cualquier fotografía de un periódico en tiempos de guerra. Las fachadas llaman la atención por su pintura carcomida y sus columnas y adornos rotos. Se atisban los interiores desde la calle, con las paredes sin pintar y humedades por todas partes, y se hace difícil pensar que allí puedan habitar familias y familias. Pero entonces uno se fija en los balcones sucios y grises en los que siempre hay ropa tendida, señal inequívoca de que ahí vive gente. 

Caminamos por las calles llenas de baches donde todavía, a pesar del calor sofocante, permanece el agua de la tormenta de ayer, contribuyendo además a que el olor de la basura acumulada en contenedores y aceras se propague y resulte un ambiente más pesado. Entre tanto, la vida en las calles de La Habana sigue. Niños jugando a fútbol entre huesos de pollo y peladuras de plátano, niñas sentadas a la puerta de sus casas conversando, ancianos viendo la televisión desde sus sofás con la puerta de la calle abierta para que corra un poco de aire y madres llamando a niños a gritos para que vuelvan a casa.

De vez en cuando alguno de los impresionantes coches de los años 50 que circulan habitualmente por La Habana pasa ronroneando y soltando humo negro, haciendo que resulte difícil respirar durante algunos segundos.

40 minutos después de iniciar nuestro paseo llegamos al Callejón de Hamel, famoso entre los habaneros y no tanto entre los turistas. El lugar me recuerda mucho a la Casa Tacheles de Berlín, con sus paredes llenas de graffitis y un bar con pneumáticos de coches pintados de colores, cuadros raros y sillas dispares donde solamente se puede pedir cerveza o ron. Pedimos una cerveza Cristal, la primera de tantas y una de las más conocidas de Cuba, junto con la cerveza Bucanero. Empieza a oírse música en el callejón. Primero diferentes sonidos con instrumentos de percusión, después cantos acompañando. Se trata de un grupo que toca música afrocubana, alguna mezcla entre afro y rumba, donde el baile cuenta una especie de lucha entre el hombre y la mujer. Resulta un espectáculo digo de ver, con un grupo de unas quince personas tocando y la gente de la calle bailando con todas sus fuerzas a pesar del calor. Se cuentan los turistas con los dedos de una mano, incluyéndonos a nostras dos, y la gente está tan concentrada cantando y bailando que no parecen ni darse cuenta de nuestra obsesión por hacer fotos. 

Volvemos a casa caminando por el Malecón, donde las olas rompen hoy con mucha suavidad, lo que hace que muchos pescadores se hayan acercado con sus cañas e hilos a pescar desde las rocas. Se pone el sol dejándonos una postal espectacular, y pienso que soy muy afortunada por estar disfrutando todo esto, hoy, en este momento, auque al mismo tiempo me siento mal porque en esta misma ciudad, a tan solo unos metros, mucha gente lucha por salir adelante, por tener más oportunidades o precisamente por viajar a otros países.
- Nosotros nacimos sin pasaporte, o lo que es lo mismo, pasaporte cubano - oigo que un cubano comenta a un turista que le pregunta algo en la calle. Es, quizás, por lo que esta vez me siento un poco mal por tener tantos sellos en el mío.

Mientras callejeamos de vuelta entre gatos, gente que limpia escaleras y entradas de sus casas tirando cubos de agua por las aceras rotas y destruidas, barro, calles que huelen mal y cubanos que sonríen y te hablan, no puedo evitar acordarme de Ricardo y Jacobo, con quienes este tipo de calles y ciudades tantas veces recorrí. Resulta impensabe olvidarme de Jacobo bailando en antros que ni sospechábamos que existían y que descubríamos porque Ricardo se ponía a hablar con alguien local. Imposible olvidar tampoco los paseos quilométricos por ciudades cochambrosas intentando ahorrar en transporte y al mismo tiempo encontrar el sitio más barato posible, normalmente alejadísimo de los lugares turísticos y donde siempre conocíamos a gente interesantísima. Echo de menos todo eso, la sensación de no sentirme turista, sino una más. 

Me propongo involuntariamente volver a convertirme en esa "una más" durante todos estos días, y convencer a Ana de que también lo haga.  Fracaso en mi primer intento, y terminamos cenando en un restaurante turístico una cena bastante mediocre y muertas de sueño por el jet lag. De camino a casa unos chicos se bajan de un taxi delante de nosotras y nos invitan a pasar a la academia donde dan clases de salsa. Es una casa colonial preciosa, muy vieja pero en proceso de rehabilitación, donde una chica española ha puesto el dinero para formar la academia y los chicos cubanos dan clases. El lugar es realmente majestuoso, con muchísimas salas para bailar. Por supuesto, los suelos no son de madera y las paredes tienen su pintura desconchada y humedades, pero esto no hace más que darle un toque habanero que incita a quedarse toda la noche bailando allí. A pesar de todo se nos cierran los ojos y nos vamos a dormir, prometiéndole a Jorge, nuestro nuevo amigo profesor de salsa, que a nuestra vuelta a la Habana volveremos allí a bailar. Mañana empieza nuestro viaje, y hay que descansar. 


Un hombre pide tocando la trompeta en La Habana

Calles de La Habana

Un hombre arregla un coche de hace más de 50 años

Al fresco

Una mujer fuma un puro en el Callejón de Hamel, La Habana

Peña Afrocubana en el Callejón de Hammel
Rumba en el Callejón de Hamel

Callejón de Hamel


Bailando en el Callejón de Hamel

Niños juegan entre escombros en La Habana



Casas típicas en La Habana

Arreglando otro coche de hace más de 50 años

Malecón Habanero antes de la puesta de Sol

Malecón de La Habana

Puesta de Sol en el Malecón habanero






















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