Cierra
el Rus y los que pasamos nuestra mejor época en Coruña, la universitaria, no
podemos evitar una sonrisa de nostalgia tras la sorpresa inicial al leer la
noticia en algún periódico o en algún muro de Facebook.
Cierra
el Rus y a mi mente vuelven esos días tan despreocupados de estudiante en una
ciudad que tan felices nos hizo una vez, los sábados de escaparnos por la
ventana de la residencia, Plaza del Humor, Grietax, Egeo, Playa y Rus, cuando
no la Internacional. El recorrido que marcó a varias generaciones. Los viernes
con la eterna duda después del Playa. ¿Al Rus o a clase sin dormir? Y siempre
ganaba el Rus. Ese lugar donde se juntaba lo mejor y lo peor de Coruña, donde
no importaba quién fueses o cómo te vistieses. El lugar donde convivían niñas
pijas de residencia de monjas y heavy
metaleros, cuando todavía los hipsters no se habían puesto de moda y los
surfers a esas horas ya surcaban las olas tempraneras del Orzán con los
primeros rayos de sol.
Cierra
el Rus, y vuelvo a recordar esas noches de escaleras oscuras protestando por
terminar siempre en el mismo antro, pero sabiendo en el fondo que el Rus
significaba pasárselo bien casi con un cien por cien de probabilidades. Y
siempre pasaba algo interesante. Cierra el Rus, y me acuerdo de esos viernes a
las diez de la mañana saliendo a la calle con el rimmel corrido y los zapatos
en la mano, cegada por el sol de una ciudad ya muy despierta, recorriendo la
calle del Orzán para llegar a casa y decir: Pero qué bien me lo he pasado.