Son las cinco y media. Hace calor, mucho calor, en Munich. He estado todo el día ordenando cosas, metiéndolas en cajas, comprando maletas...
Decido llevar una de las famosas cajas azules de Hermes, características de tantos lugares de Europa a la vuelta de los Erasmus. En este caso, no me vuelvo de Erasmus, sino que mando parte de mis cosas a España porque me voy a Chile de nuevo.
Bajo las escaleras y llego a la calle. La caja ya empieza a pesar. Mucho. Me miro en el cristal del portal, y parezco diminuta detrás de ella. De hecho casi ni puedo verme porque si levanto la caja ésta tapa todo mi cuerpo, y tengo que girar la cabeza para caminar sin tropezar. ¿Y si subo a por la maleta y la llevo en ella? Bah, solamente son dos calles, está a la vuelta de la esquina, no merece la pena.
Salgo a la calle tras la caja, parece que ésta me lleva a mí. El calor aprieta, cada vez más a medida que avanzo. Sudando, recorro las calles que separan mi portal del establecimiento de envío de cajas. Empiezo a preguntarme por qué no habré tirado la mitad de las cosas que hay en ella, pero ahora ya está. La caja hace marcas en mis brazos.
Llego a la tienda, CERRADA.
Me niego a creer que tenga que recorrer de vuelta el maldito camino andado con la caja a cuestas otra vez, así que (esto es algo que a mi amiga Isa nunca se le hubiese ocurrido), observo que el establecimiento de al lado tiene la puerta entreabierta. En realidad, no es un establecimiento. Ni una tienda. Es una especie de "estudio" de pintura artística.
Entro y dejo la caja en la calle, y le explico a una amable china que hay allí (entre risas, muchas risas) que si me puede guardar la caja hasta el lunes, porque así me ahorraría un viaje con la caja caminando. Esto resulta inviable en muchos países, pero en Alemania la gente es así. Incluso los de fuera.
Me dice que por supuesto que puedo dejar la caja allí, y que en caso de que el lunes tuviese que irse a algún sitio, ella misma dejará la caja en el establecimiento de envío de cajas y yo ya pasaré a pagar. Empezamos a charlar y me cuenta su vida. Yo también la mía. Se extraña de que me vaya a Chile, pero le explico que es porque hablo español, y mi empresa tiene proyectos allí y todas esas cosas. Parece que me agradece a mí que la entretenga. Asombrada de lo que me acaba de pasar, vuelvo a casa riéndome a carcajadas por la calle porque ahora mismo todos mis abrigos de invierno, algunas botas, libros, etc, están en casa de una señora china de Munich.
Esos pequeños detalles que hacen que de repente, te de pereza irte de esta ciudad.
1 comentario:
Que guay tu entrada María! Es que eso de "Spain is diferent" no siempre es para bueno..
unbeso desde Valencia :)
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