Podríamos decir que soy una persona completamente normal, con una vida completamente normal, con unos amigos completamente normales, con una casa completamente normal. Pero no. No me he conformado nunca con ser “normal”, o por lo menos es lo que intento día a día, así que con 18 años me fui a estudiar a La Coruña, años maravillosos e irrepetibles, terminé la carrera en Austria, desde donde descubrí y redescubrí, junto con gente extraordinaria un montón de rincones de Europa, pasando por Hungría, Eslovenia, Eslovaquia, Alemania, Turquía, Polonia, República Checa, Croacia, Inglaterra, Italia, Dinamarca, Portugal… aunque por supuesto quedándome con esa pequeña ciudad en la que fui tan feliz, aunque supiese que era una burbuja que solamente duraría un año, Graz.
Todo esto me sirvió para darme cuenta de que el Mundo merece ser descubierto, que no podía conformarme con quedarme cómodamente en mi casa, y decidí que al menos por unos años (ahora parece que serán bastantes más), me dedicaría en la medida de lo posible a buscarme la vida sin pasar por casa más que por vacaciones de Navidad y alguna que otra fecha memorable. Por supuesto sé que mis padres estarían mucho más encantados con que este blog se titulase “momentos de repatriados”, pero aún así sé que están muy orgullosos de que su niña, la misma que hacía listas de ropa que llevarse a la playa un mes antes y arrastraba grandes maletas de fin de semana, ahora sea capaz de meter en una mochila unos vaqueros y dos camisetas el día anterior a irse a cualquier parte o cruzarse Europa mientras sus amigas se quedan en la playa para buscarse un trabajo de ingeniera. Y así fue como terminé en Munich, preciosa ciudad de las salchichas y los litros y litros de cerveza, de los Dirndl y los Lederhöse, de los mercadillos navideños y los alemanes estirados, de la élite, de los ricachones de Europa, de tantos otros muchos ingenieros españoles expatriados…
Y tras encontrar una empresa en la que con el paso del tiempo descubrí que realmente me gustaba lo que hacía, tras un par de Oktoberfests, uno como turista y otra ya como verdadera muniquesa, unos cuantos meses en los que no tuve tiempo de descubrir las crudas olas de frío que azotan Europa en invierno, pero sí el estilo de vida alemán, la estricta planificación con la que todo se realiza, desde la cafetería en la que te tomarás un café la semana que viene hasta la película que verás dentro de tres fines de semana el sábado por la tarde, la organización, la ciudad “colocada” buscando el auténtico estado de bienestar, los jardines estratégicamente situados, las pequeñas tiendas en calles pintorescas, las casitas, el metro silencioso en el que te parece que hasta con auriculares el de al lado te está escuchando, las bolsas de tela, el reciclaje como forma de vida, la oficina soleada de espacios abiertos y la máquina con el café Latte más bueno del mundo… me enviaron a un Proyecto al lugar más distinto de Munich que me hubiese podido imaginar. Santiago de Chile. Pero esto, merece un capítulo aparte.

2 comentarios:
Niña normal...familia normal...casa normal... bueno, pase. Pero lo de una mochila con un par de vaqueros y un par de camisetas es mentira gorda (lección de lengua nº 1: como verás no hay una coma entre mentira y gorda así que no es una ofensa) Con lo que más de acuerdo estoy es con lo de "descubrí y redescubrí, junto con gente extraordinaria un montón de rincones de Europa".
Y vete haciendo sitio que en noviembre puede que tengas visita. O en diciembre. O en enero. No sé exactamente cuando pero visita prácticamente asegurada.
Disfruta mucho maría! El mundo da muuuchas vueltas, y te lo digo yo que estoy descubriendo grandes vocaciones :)
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