miércoles, 19 de diciembre de 2012
2012
Un resumen de 2012 en Chile, Argentina, Perú, Colombia, Alemania, Italia y España en forma de película. Increíble año, como tantos otros.
http://vimeo.com/55682852
martes, 20 de noviembre de 2012
Cuando me pregunten por Chile
18 de junio de 2012 (con alguna modificación) - Cuando me pregunten por Chile, les diré que es un país increíble. Que es extraordinario que una franja de tierra taaan estrecha contenga tanta riqueza. Que los chilenos dicen que sólo puedes caminar de norte a sur porque de lo contrario caerías al mar. Pero yo les diré que incluso de este a oeste, y sin haber visto demasiadas cosas, hay lugares extraordinarios, paisajes increíbles, playas de ensueño y las montañas más bonitas que jamás haya visto. Los atardeceres más bellos y los picos más escarpados que uno pueda imaginar, con el sol ocultándose y haciendo que cambien de color cada diez minutos. Que los taxistas se asombran de que se lo recuerde todos los días, porque nunca se habían dado cuenta. Que he hecho cosas que nunca habría soñado hacer, como recorrer un desierto en bicicleta completamente sola, llorar ante un atardecer, escribir canciones, nadar en el Pacífico, sobrevolarlo en parapente, cabalgar entre rojizas montañas de cobre y volcanes nevados y diversas locuras que ya sabéis. Que fuimos indies de Lastarria, cuicos de Vitacura y flaites regetoneros en Las Urracas. Pero si algo he hecho, ha sido VIVIR. Que descubrí que “¿qué hora tení? Y ¿cómo estái?” suenan demasiado bien. Que viví la historia más bonita jamás contada. Que aprendí a wevear, a pololear, a usar la raja, po weon y bacán. #putalawea!!! ¡Qué wiiiiiiino! Que los chilenos también son riquiños…
¿Y Santiago? – me dirán. Y yo contestaré que puede que esté contaminado, que haya smog y demasiados rascacielos, pero que incluso entre la niebla, descubrí a personas increíbles. A gente maravillosa y a amigos extraordinarios en #momentosdeexpatriados y #paellasrave, y que sin hacer nada, lo hicieron todo. Que me salvaron en un momento crítico. Porque lo digo y lo diré siempre, que en todas partes hay gente guay. Siempre me estoy yendo, pero por eso siempre estoy volviendo, así que no estemos tristes!!!¿Y lo que nos hemos reído?
Cuando me pregunten por Chile, les diré que volveré.
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Llorando en Aeropuertos
Doce y media de la mañana de un soleado y caluroso día de verano en Munich. Me dirijo al aeropuerto de nuevo, con destino Santiago de Chile haciendo escala en Madrid.
Todavía no sé dónde viviré el próximo mes, pero como hay un 98% de posibilidades de que sea en Chile, decido llevarme dos maletas grandes con casi todas las cosas que tengo en Munich.
Tras un agradable paseo en taxi, donde parecía que el recorrido hacia el aeropuerto está pensado para que te vayas despidiendo de todos los lugares emblemáticos (y preciosos) de esta bonita ciudad, me dispongo a facturar las maletas en el mostrador, sabiendo que tendré que pagar mucho, mucho dinero. Confío en que me toque alguna chica amable, algún chico alemán con el que poder ligar un poco y conseguir que me deje pasar el exceso de equipaje… pero no.
Como es habitual, pero hasta ahora no para mí, la ley de Murphy no suele fallar, y me toca el alemán más borde de todo el aeropuerto. Serio, subanestrujenbajen, el típico tópico. Os lo podéis imaginar.
En silencio, empiezo a pensar en que voy a tener que cambiar mis tácticas para no tener que pagar demasiado por las maletas.
Tras pesar la primera, y sabiendo que el límite es 23 kg, observo que la báscula pone 28… tiruri…
Sé perfectamente que la segunda pesará lo mismo, así que la pongo en la báscula y efectivamente… otros 26… cri cri… cri cri…
Le miro con una amable sonrisa pero su respuesta sencillamente se limita a ordenarme que ponga la maleta de mano en la cinta. ¿Pero es necesario pesarla también? Si.
15 kg… el límite es 8 kg. Perfecto. Empiezo a hacer cálculos mentales de cuánto tendré que pagar.
Señorita, tiene que pagar usted 230 euros. ¿QUÉ? ¿WTF?
Así que decido utilizar la táctica que nunca ha fallado y nunca fallará. Realmente he conseguido muchas cosas con ella. Una vez, incluso un amigo mío se enfadó conmigo porque le engañé con ella.
Con una caída de mirada más que ensayada, dejo que unas cuantas lágrimas corran por mis mejillas y susurro que soy expatriada, que tengo que vivir en Munich y ahora me voy a Sudamérica a vivir, me mudo, no tengo nada, no tengo dinero y me tengo que ir a vivir a otra ciudad.
Levanto la mirada con los ojos empañados en lágrimas y como respuesta la situación empieza a cambiar:
Casi ya entre sollozos, y con la gente de alrededor mirando, que hace que el pobre hombre parezca un ogro malvado, le cuento que en Madrid tendré que volver a pagar por el equipaje.
Con la cara roja de vergüenza por hacer llorar a una pobre niña, levanta el teléfono, dice unas cuantas frases en alemán, y pone una etiqueta en cada maleta que pone Madrid-Santiago de Chile, a pesar de que en mi empresa han comprado billetes separados. Perfecto, ya no tendré que recoger el equipaje en Barajas y cambiarme de terminal. Pero necesito otra rebaja.
Otra vez le miro con mis ojos lacrimosos a lo cual obtengo como respuesta:
Me doy la vuelta, y como cuando me castigaban y sabía que al final me perdonarían por hacer un pequeño teatro, me voy riendo por el aeropuerto sin maleta de mano y completamente segura de que era imposible pagar menos por llevarme todo lo que me he llevado a Chile.
Todavía no sé dónde viviré el próximo mes, pero como hay un 98% de posibilidades de que sea en Chile, decido llevarme dos maletas grandes con casi todas las cosas que tengo en Munich.
Tras un agradable paseo en taxi, donde parecía que el recorrido hacia el aeropuerto está pensado para que te vayas despidiendo de todos los lugares emblemáticos (y preciosos) de esta bonita ciudad, me dispongo a facturar las maletas en el mostrador, sabiendo que tendré que pagar mucho, mucho dinero. Confío en que me toque alguna chica amable, algún chico alemán con el que poder ligar un poco y conseguir que me deje pasar el exceso de equipaje… pero no.
Como es habitual, pero hasta ahora no para mí, la ley de Murphy no suele fallar, y me toca el alemán más borde de todo el aeropuerto. Serio, subanestrujenbajen, el típico tópico. Os lo podéis imaginar.
En silencio, empiezo a pensar en que voy a tener que cambiar mis tácticas para no tener que pagar demasiado por las maletas.
Tras pesar la primera, y sabiendo que el límite es 23 kg, observo que la báscula pone 28… tiruri…
Sé perfectamente que la segunda pesará lo mismo, así que la pongo en la báscula y efectivamente… otros 26… cri cri… cri cri…
Le miro con una amable sonrisa pero su respuesta sencillamente se limita a ordenarme que ponga la maleta de mano en la cinta. ¿Pero es necesario pesarla también? Si.
15 kg… el límite es 8 kg. Perfecto. Empiezo a hacer cálculos mentales de cuánto tendré que pagar.
Señorita, tiene que pagar usted 230 euros. ¿QUÉ? ¿WTF?
Así que decido utilizar la táctica que nunca ha fallado y nunca fallará. Realmente he conseguido muchas cosas con ella. Una vez, incluso un amigo mío se enfadó conmigo porque le engañé con ella.
Con una caída de mirada más que ensayada, dejo que unas cuantas lágrimas corran por mis mejillas y susurro que soy expatriada, que tengo que vivir en Munich y ahora me voy a Sudamérica a vivir, me mudo, no tengo nada, no tengo dinero y me tengo que ir a vivir a otra ciudad.
Levanto la mirada con los ojos empañados en lágrimas y como respuesta la situación empieza a cambiar:
- Bueno, podemos olvidar que tiene exceso de peso en una de las maletas…
Casi ya entre sollozos, y con la gente de alrededor mirando, que hace que el pobre hombre parezca un ogro malvado, le cuento que en Madrid tendré que volver a pagar por el equipaje.
Con la cara roja de vergüenza por hacer llorar a una pobre niña, levanta el teléfono, dice unas cuantas frases en alemán, y pone una etiqueta en cada maleta que pone Madrid-Santiago de Chile, a pesar de que en mi empresa han comprado billetes separados. Perfecto, ya no tendré que recoger el equipaje en Barajas y cambiarme de terminal. Pero necesito otra rebaja.
Otra vez le miro con mis ojos lacrimosos a lo cual obtengo como respuesta:
- Bueno, vamos a olvidar el otro exceso de peso también. Ya no puedo hacer más rebajas.
Sigo con los ojos empañados mientras pago menos de la mitad de lo que me había dicho inicialmente.Me doy la vuelta, y como cuando me castigaban y sabía que al final me perdonarían por hacer un pequeño teatro, me voy riendo por el aeropuerto sin maleta de mano y completamente segura de que era imposible pagar menos por llevarme todo lo que me he llevado a Chile.
sábado, 11 de agosto de 2012
Y así es como mis abrigos de invierno están en casa de una china
Son las cinco y media. Hace calor, mucho calor, en Munich. He estado todo el día ordenando cosas, metiéndolas en cajas, comprando maletas...
Decido llevar una de las famosas cajas azules de Hermes, características de tantos lugares de Europa a la vuelta de los Erasmus. En este caso, no me vuelvo de Erasmus, sino que mando parte de mis cosas a España porque me voy a Chile de nuevo.
Bajo las escaleras y llego a la calle. La caja ya empieza a pesar. Mucho. Me miro en el cristal del portal, y parezco diminuta detrás de ella. De hecho casi ni puedo verme porque si levanto la caja ésta tapa todo mi cuerpo, y tengo que girar la cabeza para caminar sin tropezar. ¿Y si subo a por la maleta y la llevo en ella? Bah, solamente son dos calles, está a la vuelta de la esquina, no merece la pena.
Salgo a la calle tras la caja, parece que ésta me lleva a mí. El calor aprieta, cada vez más a medida que avanzo. Sudando, recorro las calles que separan mi portal del establecimiento de envío de cajas. Empiezo a preguntarme por qué no habré tirado la mitad de las cosas que hay en ella, pero ahora ya está. La caja hace marcas en mis brazos.
Llego a la tienda, CERRADA.
Me niego a creer que tenga que recorrer de vuelta el maldito camino andado con la caja a cuestas otra vez, así que (esto es algo que a mi amiga Isa nunca se le hubiese ocurrido), observo que el establecimiento de al lado tiene la puerta entreabierta. En realidad, no es un establecimiento. Ni una tienda. Es una especie de "estudio" de pintura artística.
Entro y dejo la caja en la calle, y le explico a una amable china que hay allí (entre risas, muchas risas) que si me puede guardar la caja hasta el lunes, porque así me ahorraría un viaje con la caja caminando. Esto resulta inviable en muchos países, pero en Alemania la gente es así. Incluso los de fuera.
Me dice que por supuesto que puedo dejar la caja allí, y que en caso de que el lunes tuviese que irse a algún sitio, ella misma dejará la caja en el establecimiento de envío de cajas y yo ya pasaré a pagar. Empezamos a charlar y me cuenta su vida. Yo también la mía. Se extraña de que me vaya a Chile, pero le explico que es porque hablo español, y mi empresa tiene proyectos allí y todas esas cosas. Parece que me agradece a mí que la entretenga. Asombrada de lo que me acaba de pasar, vuelvo a casa riéndome a carcajadas por la calle porque ahora mismo todos mis abrigos de invierno, algunas botas, libros, etc, están en casa de una señora china de Munich.
Esos pequeños detalles que hacen que de repente, te de pereza irte de esta ciudad.
Decido llevar una de las famosas cajas azules de Hermes, características de tantos lugares de Europa a la vuelta de los Erasmus. En este caso, no me vuelvo de Erasmus, sino que mando parte de mis cosas a España porque me voy a Chile de nuevo.
Bajo las escaleras y llego a la calle. La caja ya empieza a pesar. Mucho. Me miro en el cristal del portal, y parezco diminuta detrás de ella. De hecho casi ni puedo verme porque si levanto la caja ésta tapa todo mi cuerpo, y tengo que girar la cabeza para caminar sin tropezar. ¿Y si subo a por la maleta y la llevo en ella? Bah, solamente son dos calles, está a la vuelta de la esquina, no merece la pena.
Salgo a la calle tras la caja, parece que ésta me lleva a mí. El calor aprieta, cada vez más a medida que avanzo. Sudando, recorro las calles que separan mi portal del establecimiento de envío de cajas. Empiezo a preguntarme por qué no habré tirado la mitad de las cosas que hay en ella, pero ahora ya está. La caja hace marcas en mis brazos.
Llego a la tienda, CERRADA.
Me niego a creer que tenga que recorrer de vuelta el maldito camino andado con la caja a cuestas otra vez, así que (esto es algo que a mi amiga Isa nunca se le hubiese ocurrido), observo que el establecimiento de al lado tiene la puerta entreabierta. En realidad, no es un establecimiento. Ni una tienda. Es una especie de "estudio" de pintura artística.
Entro y dejo la caja en la calle, y le explico a una amable china que hay allí (entre risas, muchas risas) que si me puede guardar la caja hasta el lunes, porque así me ahorraría un viaje con la caja caminando. Esto resulta inviable en muchos países, pero en Alemania la gente es así. Incluso los de fuera.
Me dice que por supuesto que puedo dejar la caja allí, y que en caso de que el lunes tuviese que irse a algún sitio, ella misma dejará la caja en el establecimiento de envío de cajas y yo ya pasaré a pagar. Empezamos a charlar y me cuenta su vida. Yo también la mía. Se extraña de que me vaya a Chile, pero le explico que es porque hablo español, y mi empresa tiene proyectos allí y todas esas cosas. Parece que me agradece a mí que la entretenga. Asombrada de lo que me acaba de pasar, vuelvo a casa riéndome a carcajadas por la calle porque ahora mismo todos mis abrigos de invierno, algunas botas, libros, etc, están en casa de una señora china de Munich.
Esos pequeños detalles que hacen que de repente, te de pereza irte de esta ciudad.
Ubicación:
Múnich, Alemania
jueves, 9 de agosto de 2012
Vacunas en Alemán
Ir a ponerse una vacuna, es algo que nunca me ha dado miedo. Sin embargo, una vez en la sala de espera, sí me pongo siempre nerviosilla, empiezo a leer papelillos que haya por allí compulsivamente, a mirar al resto de la gente, a jugar a las bolitas del móvil... mientras de mi cabeza no se borra la imagen de una jeringuilla con su aguja penetrando en mi piel y soltando un liquidillo. Entonces (esto es un truco desde que tengo uso de razón y memoria) empiezo a pensar...campo de margaritas, campo de amapolas, campo de margaritas, campo de amapolas...voy saltando por un campo de margaritas... y esa imagen se borra para dar lugar a un bello paisaje de margaritas y amapolas, no me preguntéis por qué.
El caso es que si al hecho de estar "nerviosilla" le añadimos que lo único que escuchas en la sala de espera es jkfañlsdjfopweurkfjañj y alfkdjalkfjqieuqfañjf... los nervios pueden llegar a hacer que asome una pequeña lagrimilla pensando...mamá, por qué no estás aquí como siempre?
Y si a toda esta ensalada de qepurklfjañkldjfuqejkñla añadimos que detrás de ti sólo se oye una potente voz cada cinco minutos que dice... FRRRRRRAU WTF... HEEEEERRRRR WTF... peor todavía.
Sin embargo, una diminuta médico con pinta de simpática hace que no pierdas la esperanza pensando...que me toque ella...por favor que me toque ella...
Pero todas mis esperanzas se esfuman cuando oigo... FRRRRRRRRRRAU TSEPEDA???oh no! estoy muerta...
Me doy la vuelta, y veo al médico más parecido a Derek Sheperd (Anatomía de Grey) que pueda existir en este mundo, no entiendo este tipo de casualidades, así que me pongo más nerviosilla pensando en la maravillosa vida que me espera junto a él, por mi cabeza sólo pasa el Englisher Garten, preciosos niños rubios, un par de chanclas, él jugando al fútbol con los niños mientras yo leo la última novela alemana que ha salido al mercado. FIN.
Empezamos a hablar y enseguida se da cuenta de que soy española (qué raro), por lo que empieza a contarme con un perfecto español que estuvo estudiando en Sevilla y que es una maravilla (con estas palabras). No puedo estar más enamorada en ese momento, pero todavía queda lo mejor. Me pregunta de dónde soy, y le digo que de una pequeña ciudad llamada Orense. OOOOOOH! Oreeense! Al lado de Portugal! Eu tamén falo portugués!! En serio, por qué la gente alemana es tan insultantemente culta?? Por qué dominan cinco idiomas?? Y cuando digo dominar, no es el dominio que tenemos nosotros sobre el inglés, es un dominio completamente distinto, con palabras extrañas incluidas.
- Entonces, vienes a ponerte la vacuna de la fiebre amarisha, como dicen los argentinos ¿no? - me pregunta.
¿Puede ser más perfecto?
Prepara la jeringuilla e incluso me atrevo a mirarle mientras lo hace, por primera vez me he puesto una vacuna sin pensar en un campo de margaritas.#estosolopasaenalemania. Mientras me pregunta que qué hago en Munich y le cuento mi vida, no noto como los bichitos se pasean por mi brazo, he dejado de sentir.
Me voy paseando por la preciosa Leopoldstrasse hasta Marienplatz con una amplia sonrisa. Hoy veo Munich de otra manera. Más bonito, si cabe. Y me da pena dejarlo aquí.
El caso es que si al hecho de estar "nerviosilla" le añadimos que lo único que escuchas en la sala de espera es jkfañlsdjfopweurkfjañj y alfkdjalkfjqieuqfañjf... los nervios pueden llegar a hacer que asome una pequeña lagrimilla pensando...mamá, por qué no estás aquí como siempre?
Y si a toda esta ensalada de qepurklfjañkldjfuqejkñla añadimos que detrás de ti sólo se oye una potente voz cada cinco minutos que dice... FRRRRRRAU WTF... HEEEEERRRRR WTF... peor todavía.
Sin embargo, una diminuta médico con pinta de simpática hace que no pierdas la esperanza pensando...que me toque ella...por favor que me toque ella...
Pero todas mis esperanzas se esfuman cuando oigo... FRRRRRRRRRRAU TSEPEDA???oh no! estoy muerta...
Me doy la vuelta, y veo al médico más parecido a Derek Sheperd (Anatomía de Grey) que pueda existir en este mundo, no entiendo este tipo de casualidades, así que me pongo más nerviosilla pensando en la maravillosa vida que me espera junto a él, por mi cabeza sólo pasa el Englisher Garten, preciosos niños rubios, un par de chanclas, él jugando al fútbol con los niños mientras yo leo la última novela alemana que ha salido al mercado. FIN.
Empezamos a hablar y enseguida se da cuenta de que soy española (qué raro), por lo que empieza a contarme con un perfecto español que estuvo estudiando en Sevilla y que es una maravilla (con estas palabras). No puedo estar más enamorada en ese momento, pero todavía queda lo mejor. Me pregunta de dónde soy, y le digo que de una pequeña ciudad llamada Orense. OOOOOOH! Oreeense! Al lado de Portugal! Eu tamén falo portugués!! En serio, por qué la gente alemana es tan insultantemente culta?? Por qué dominan cinco idiomas?? Y cuando digo dominar, no es el dominio que tenemos nosotros sobre el inglés, es un dominio completamente distinto, con palabras extrañas incluidas.
- Entonces, vienes a ponerte la vacuna de la fiebre amarisha, como dicen los argentinos ¿no? - me pregunta.
¿Puede ser más perfecto?
Prepara la jeringuilla e incluso me atrevo a mirarle mientras lo hace, por primera vez me he puesto una vacuna sin pensar en un campo de margaritas.#estosolopasaenalemania. Mientras me pregunta que qué hago en Munich y le cuento mi vida, no noto como los bichitos se pasean por mi brazo, he dejado de sentir.
Me voy paseando por la preciosa Leopoldstrasse hasta Marienplatz con una amplia sonrisa. Hoy veo Munich de otra manera. Más bonito, si cabe. Y me da pena dejarlo aquí.
lunes, 16 de julio de 2012
Vivir en el extranjero
Hoy escribo con puntos para que mi amigo Sobri esté contento. Stop. He encontrado un monólogo que, aunque malo, refleja algunos #momentosdeexpatriados. Stop.
Eso de asentir con una sonrisa y decir jaaaaa cuando no te estás enterando de nada. Hacer que escribes en las reuniones cuando lo único que estás escribiendo es: pan, leche, huevos, tomates, atún...
Sonreír y decir "genau" en conversaciones en las que pueden estar hablando de cualquier tema inimaginable pero tú sólo entiendes ñfljdañfjadfjaldfjafajdñflajdñfa. Subirte a autbuses extraños y acabar en sitios insospechados. Pegarte como una loca desesperada a aquellos que no saben alemán en tu empresa y sólo hablan inglés (demos gracias que por lo menos esto sí lo "dominamos").
Encontrar a un español y sentir que has encontrado a tu alma gemela en medio de una selva inexplorable, aunque sea de una ciudad a 1000 km de la tuya... and so on...
Ahí lo dejo.
Eso de asentir con una sonrisa y decir jaaaaa cuando no te estás enterando de nada. Hacer que escribes en las reuniones cuando lo único que estás escribiendo es: pan, leche, huevos, tomates, atún...
Sonreír y decir "genau" en conversaciones en las que pueden estar hablando de cualquier tema inimaginable pero tú sólo entiendes ñfljdañfjadfjaldfjafajdñflajdñfa. Subirte a autbuses extraños y acabar en sitios insospechados. Pegarte como una loca desesperada a aquellos que no saben alemán en tu empresa y sólo hablan inglés (demos gracias que por lo menos esto sí lo "dominamos").
Encontrar a un español y sentir que has encontrado a tu alma gemela en medio de una selva inexplorable, aunque sea de una ciudad a 1000 km de la tuya... and so on...
Ahí lo dejo.
martes, 10 de julio de 2012
A propósito de Entschuldigung
Resulta curioso cómo ciertas palabras pueden llegar a recordar tantas cosas… Una de ellas es “Entschuldigung”, palabra que escucho todos los días, y que en alemán se utiliza como “disculpe”, “perdone” o “perdón”. En Alemania la gente la tiene, por defecto, en su vocabulario cotidiano, y la repite millones de veces; en las interminables escaleras automáticas de metro donde alguien, normalmente un turista o alguien que no ha nacido aquí, se pone en la parte izquierda impidiendo que aquellos que tienen prisa puedan subir más rápido, en el supermercado cuando tu carrito impide el paso de aquellos que tienen en mente su compra cotidiana y se saben de memoria el lugar de los productos que habitualmente compran, en el metro, cuando alguien se levanta y éste frena de repente sin poder evitar que alguien te roce sin querer…
Es extraño, quizás sea por las circunstancias, pero creo recordar que en Austria la gente siempre la decía con una amplia sonrisa, y aquí me parece que los alemanes, enfrascados en sus ipods, ipads, agendas electrónicas y ebooks, la dicen sin mirarte a la cara, sin pensar. Y sin embargo, cada vez que oigo este ya más que habitual “sccchhhhuldigung” no puedo evitar que se me escape una amplia sonrisa que provoca la sorpresa de los serios alemanes pronuncian esta palabra. ¿Puede una sóla palabra traerme tantos recuerdos?
Y es que cada vez que un “Entschuldigung” se cruza en mi camino, sólo puedo acordarme de cuánto nos reíamos de esta palabra en Austria, de cómo nos gustaba, y sobre todo, del día en que, volviendo a casa, nos colamos en una fiesta de cumpleaños ajena y empezamos a comer queso parmesano y jamón serrano hasta que alguien nos descubrió y empezó a gritar… “Entschuldigung!!!! ENTSCHULDIGUUUUUUUUNG!!!!!!!!!” mientras nos escapábamos muertos de risa y nos caíamos de cabeza, literalmente, por unas escaleras, aún con la boca llena del mejor queso parmesano que había probado y probaré en mi vida…
En definitiva, que como dice el grupo que algún día uno de mis amigos creó en facebook, “ yo también creo que Entschuldigung es la mejor palabra del mundo”.
Es extraño, quizás sea por las circunstancias, pero creo recordar que en Austria la gente siempre la decía con una amplia sonrisa, y aquí me parece que los alemanes, enfrascados en sus ipods, ipads, agendas electrónicas y ebooks, la dicen sin mirarte a la cara, sin pensar. Y sin embargo, cada vez que oigo este ya más que habitual “sccchhhhuldigung” no puedo evitar que se me escape una amplia sonrisa que provoca la sorpresa de los serios alemanes pronuncian esta palabra. ¿Puede una sóla palabra traerme tantos recuerdos?
Y es que cada vez que un “Entschuldigung” se cruza en mi camino, sólo puedo acordarme de cuánto nos reíamos de esta palabra en Austria, de cómo nos gustaba, y sobre todo, del día en que, volviendo a casa, nos colamos en una fiesta de cumpleaños ajena y empezamos a comer queso parmesano y jamón serrano hasta que alguien nos descubrió y empezó a gritar… “Entschuldigung!!!! ENTSCHULDIGUUUUUUUUNG!!!!!!!!!” mientras nos escapábamos muertos de risa y nos caíamos de cabeza, literalmente, por unas escaleras, aún con la boca llena del mejor queso parmesano que había probado y probaré en mi vida…
En definitiva, que como dice el grupo que algún día uno de mis amigos creó en facebook, “ yo también creo que Entschuldigung es la mejor palabra del mundo”.
miércoles, 4 de julio de 2012
Resumiendo
Podríamos decir que soy una persona completamente normal, con una vida completamente normal, con unos amigos completamente normales, con una casa completamente normal. Pero no. No me he conformado nunca con ser “normal”, o por lo menos es lo que intento día a día, así que con 18 años me fui a estudiar a La Coruña, años maravillosos e irrepetibles, terminé la carrera en Austria, desde donde descubrí y redescubrí, junto con gente extraordinaria un montón de rincones de Europa, pasando por Hungría, Eslovenia, Eslovaquia, Alemania, Turquía, Polonia, República Checa, Croacia, Inglaterra, Italia, Dinamarca, Portugal… aunque por supuesto quedándome con esa pequeña ciudad en la que fui tan feliz, aunque supiese que era una burbuja que solamente duraría un año, Graz.
Todo esto me sirvió para darme cuenta de que el Mundo merece ser descubierto, que no podía conformarme con quedarme cómodamente en mi casa, y decidí que al menos por unos años (ahora parece que serán bastantes más), me dedicaría en la medida de lo posible a buscarme la vida sin pasar por casa más que por vacaciones de Navidad y alguna que otra fecha memorable. Por supuesto sé que mis padres estarían mucho más encantados con que este blog se titulase “momentos de repatriados”, pero aún así sé que están muy orgullosos de que su niña, la misma que hacía listas de ropa que llevarse a la playa un mes antes y arrastraba grandes maletas de fin de semana, ahora sea capaz de meter en una mochila unos vaqueros y dos camisetas el día anterior a irse a cualquier parte o cruzarse Europa mientras sus amigas se quedan en la playa para buscarse un trabajo de ingeniera. Y así fue como terminé en Munich, preciosa ciudad de las salchichas y los litros y litros de cerveza, de los Dirndl y los Lederhöse, de los mercadillos navideños y los alemanes estirados, de la élite, de los ricachones de Europa, de tantos otros muchos ingenieros españoles expatriados…
Y tras encontrar una empresa en la que con el paso del tiempo descubrí que realmente me gustaba lo que hacía, tras un par de Oktoberfests, uno como turista y otra ya como verdadera muniquesa, unos cuantos meses en los que no tuve tiempo de descubrir las crudas olas de frío que azotan Europa en invierno, pero sí el estilo de vida alemán, la estricta planificación con la que todo se realiza, desde la cafetería en la que te tomarás un café la semana que viene hasta la película que verás dentro de tres fines de semana el sábado por la tarde, la organización, la ciudad “colocada” buscando el auténtico estado de bienestar, los jardines estratégicamente situados, las pequeñas tiendas en calles pintorescas, las casitas, el metro silencioso en el que te parece que hasta con auriculares el de al lado te está escuchando, las bolsas de tela, el reciclaje como forma de vida, la oficina soleada de espacios abiertos y la máquina con el café Latte más bueno del mundo… me enviaron a un Proyecto al lugar más distinto de Munich que me hubiese podido imaginar. Santiago de Chile. Pero esto, merece un capítulo aparte.
La locura de los momentos de expatriados
Ha llegado el momento. Basta. Fin. Después de más de siete años fuera de casa (dos fuera de mi país), y con pocas perspectivas de volver, ya sabemos todos por qué motivos, he decidido crear un blog para contar mis experiencias fuera de España. Porque muchos hemos tenido, tenemos y seguiremos teniendo situaciones que merece la pena recordar de vez en cuando. Momentos tristes, momentos alegres, momentos en los que echamos de menos muchas cosas, momentos en los que aprendemos otras cosas, momentos en los que nos sorprendemos de la cultura o costumbres de distintos lugares en los que estamos viviendo, en definitiva, #momentosdeexpatriados.
Este blog sólo pretende que algún día recordemos con nostalgia todos esos momentos, nos riamos de algunos de ellos y saquemos la conclusión de que todo esto sólo son aventuras, experiencias enriquecedoras, y de que tenemos la suerte de haber vivido estos momentos en multitud de lugares del mundo, de haber disfrutado de todos ellos, de haber enriquecido nuestra vida gracias a las personas que nos vamos encontrando por este camino al que llaman vida, y de darnos cuenta de que en realidad hemos sido muy afortunados por haberlos vivido.
Que empiece el juego.
Este blog sólo pretende que algún día recordemos con nostalgia todos esos momentos, nos riamos de algunos de ellos y saquemos la conclusión de que todo esto sólo son aventuras, experiencias enriquecedoras, y de que tenemos la suerte de haber vivido estos momentos en multitud de lugares del mundo, de haber disfrutado de todos ellos, de haber enriquecido nuestra vida gracias a las personas que nos vamos encontrando por este camino al que llaman vida, y de darnos cuenta de que en realidad hemos sido muy afortunados por haberlos vivido.
Que empiece el juego.
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