lunes, 16 de julio de 2012

Vivir en el extranjero

Hoy escribo con puntos para que mi amigo Sobri esté contento. Stop. He encontrado un monólogo que, aunque malo, refleja algunos #momentosdeexpatriados. Stop.

Eso de asentir con una sonrisa y decir jaaaaa cuando no te estás enterando de nada. Hacer que escribes en las reuniones cuando lo único que estás escribiendo es: pan, leche, huevos, tomates, atún...
Sonreír y decir "genau" en conversaciones en las que pueden estar hablando de cualquier tema inimaginable pero tú sólo entiendes ñfljdañfjadfjaldfjafajdñflajdñfa. Subirte a autbuses extraños y acabar en sitios insospechados. Pegarte como una loca desesperada a aquellos que no saben alemán en tu empresa y sólo hablan inglés (demos gracias que por lo menos esto sí lo "dominamos").
Encontrar a un español y sentir que has encontrado a tu alma gemela en medio de una selva inexplorable, aunque sea de una ciudad a 1000 km de la tuya... and so on...



Ahí lo dejo.

martes, 10 de julio de 2012

A propósito de Entschuldigung

Resulta curioso cómo ciertas palabras pueden llegar a recordar tantas cosas… Una de ellas es “Entschuldigung”, palabra que escucho todos los días, y que en alemán se utiliza como “disculpe”, “perdone” o “perdón”. En Alemania la gente la tiene, por defecto, en su vocabulario cotidiano, y la repite millones de veces; en las interminables escaleras automáticas de metro donde alguien, normalmente un turista o alguien que no ha nacido aquí, se pone en la parte izquierda impidiendo que aquellos que tienen prisa puedan subir más rápido, en el supermercado cuando tu carrito impide el paso de aquellos que tienen en mente su compra cotidiana y se saben de memoria el lugar de los productos que habitualmente compran, en el metro, cuando alguien se levanta y éste frena de repente sin poder evitar que alguien te roce sin querer…

Es extraño, quizás sea por las circunstancias, pero creo recordar que en Austria la gente siempre la decía con una amplia sonrisa, y aquí me parece que los alemanes, enfrascados en sus ipods, ipads, agendas electrónicas y ebooks, la dicen sin mirarte a la cara, sin pensar. Y sin embargo, cada vez que oigo este ya más que habitual “sccchhhhuldigung” no puedo evitar que se me escape una amplia sonrisa que provoca la sorpresa de los serios alemanes pronuncian esta palabra. ¿Puede una sóla palabra traerme tantos recuerdos?

Y es que cada vez que un “Entschuldigung” se cruza en mi camino, sólo puedo acordarme de cuánto nos reíamos de esta palabra en Austria, de cómo nos gustaba, y sobre todo, del día en que, volviendo a casa, nos colamos en una fiesta de cumpleaños ajena y empezamos a comer queso parmesano y jamón serrano hasta que alguien nos descubrió y empezó a gritar… “Entschuldigung!!!! ENTSCHULDIGUUUUUUUUNG!!!!!!!!!” mientras nos escapábamos muertos de risa y nos caíamos de cabeza, literalmente, por unas escaleras, aún con la boca llena del mejor queso parmesano que había probado y probaré en mi vida…

En definitiva, que como dice el grupo  que algún día uno de mis amigos creó en facebook, “ yo también creo que Entschuldigung es la mejor palabra del mundo”.

miércoles, 4 de julio de 2012

Resumiendo


Podríamos decir que soy una persona completamente normal, con una vida completamente normal, con unos amigos completamente normales, con una casa completamente normal. Pero no. No me he conformado nunca con ser “normal”, o por lo menos es lo que intento día a día, así que con 18 años me fui a estudiar a La Coruña, años maravillosos e irrepetibles, terminé la carrera en Austria, desde donde descubrí y redescubrí, junto con gente extraordinaria un montón de rincones de Europa, pasando por Hungría, Eslovenia, Eslovaquia, Alemania, Turquía, Polonia, República Checa, Croacia, Inglaterra, Italia, Dinamarca, Portugal… aunque por supuesto quedándome con esa pequeña ciudad en la que fui tan feliz, aunque supiese que era una burbuja que solamente duraría un año, Graz.

Todo esto me sirvió para darme cuenta de que el Mundo merece ser descubierto, que no podía conformarme con quedarme cómodamente en mi casa, y decidí que al menos por unos años (ahora parece que serán bastantes más), me dedicaría en la medida de lo posible a buscarme la vida sin pasar por casa más que por vacaciones de Navidad y alguna que otra fecha memorable. Por supuesto sé que mis padres estarían mucho más encantados con que este blog se titulase “momentos de repatriados”, pero aún así sé que están muy orgullosos de que su niña, la misma que hacía listas de ropa que llevarse a la playa un mes antes y arrastraba grandes maletas de fin de semana, ahora sea capaz de meter en una mochila unos vaqueros y dos camisetas el día anterior a irse a cualquier parte o cruzarse Europa mientras sus amigas se quedan en la playa para buscarse un trabajo de ingeniera. Y así fue como terminé en Munich, preciosa ciudad de las salchichas y los litros y litros de cerveza, de los Dirndl y los Lederhöse, de los mercadillos navideños y los alemanes estirados, de la élite, de los ricachones de Europa, de tantos otros muchos ingenieros españoles expatriados…



Y tras encontrar una empresa en la que con el paso del tiempo descubrí que realmente me gustaba lo que hacía, tras un par de Oktoberfests, uno como turista y otra ya como verdadera muniquesa, unos cuantos meses en los que no tuve tiempo de descubrir las crudas olas de frío que azotan Europa en invierno, pero sí el estilo de vida alemán, la estricta planificación con la que todo se realiza, desde la cafetería en la que te tomarás un café la semana que viene hasta la película que verás dentro de tres fines de semana el sábado por la tarde, la organización, la ciudad “colocada” buscando el auténtico estado de bienestar, los jardines estratégicamente situados, las pequeñas tiendas en calles pintorescas, las casitas, el metro silencioso en el que te parece que hasta con auriculares el de al lado te está escuchando, las bolsas de tela, el reciclaje como forma de vida, la oficina soleada de espacios abiertos y la máquina con el café Latte más bueno del mundo… me enviaron a un Proyecto al lugar más distinto de Munich que me hubiese podido imaginar. Santiago de Chile. Pero esto, merece un capítulo aparte.





La locura de los momentos de expatriados

Ha llegado el momento. Basta. Fin. Después de más de siete años fuera de casa (dos fuera de mi país), y con pocas perspectivas de volver, ya sabemos todos por qué motivos, he decidido crear un blog para contar mis experiencias fuera de España. Porque muchos hemos tenido, tenemos y seguiremos teniendo situaciones que merece la pena recordar de vez en cuando. Momentos tristes, momentos alegres, momentos en los que echamos de menos muchas cosas, momentos en los que aprendemos otras cosas, momentos en los que nos sorprendemos de la cultura o costumbres de distintos lugares en los que estamos viviendo, en definitiva, #momentosdeexpatriados.

Este blog sólo pretende que algún día recordemos con nostalgia todos esos momentos, nos riamos de algunos de ellos y saquemos la conclusión de que todo esto sólo son aventuras, experiencias enriquecedoras, y de que tenemos la suerte de haber vivido estos momentos en multitud de lugares del mundo, de haber disfrutado de todos ellos, de haber enriquecido nuestra vida gracias a las personas que nos vamos encontrando por este camino al que llaman vida, y de darnos cuenta de que en realidad hemos sido muy afortunados por haberlos vivido.

Que empiece el juego.